Una revelación del Ser · Parte 2 · Las confirmaciones

2.3

Sathya Sai Baba

Durante más de medio siglo, un hombre bajo, de cabello abundante y túnica color azafrán, subió a un escenario en la India y comenzó sus discursos, casi siempre, con las mismas cuatro palabras.

No decía "señoras y señores". No decía "mis devotos". No decía "hermanos".

Decía:

"Encarnaciones del Divino Atma."

Así se dirigía a cualquier público, en cualquier lugar, ante cualquier persona. No como elogio ni como cortesía protocolaria. Como constatación.

Antes de decir nada, ya había dicho lo más importante: eres una encarnación de lo Divino. Todo el resto del discurso era solo desarrollo.

Qué es el Atma#

Antes de seguir, necesitamos detenernos en esta palabra. Va a aparecer decenas de veces de aquí en adelante, y sin ella nada de lo que dijo Sai Baba tiene sentido.

Atma —o ātman, en sánscrito— suele traducirse como "alma", y esa traducción es el origen de casi todos los malentendidos.

El Atma no es tu alma en el sentido de algo que te pertenece. Es lo contrario.

El pensamiento indio separa cuidadosamente algunas capas de lo que llamamos "yo". Está el cuerpo, que nace y muere. Está la mente, con sus pensamientos y recuerdos. Está el ego, que responde a tu nombre, tiene tu profesión y tus resentimientos. Y está, debajo de todo eso, aquello que observa todas esas capas sin ser ninguna de ellas.

Ese observador es el Atma.

Haz la prueba ahora. Tienes un cuerpo, pero puedes observarlo; luego, no eres él. Tienes pensamientos, y puedes percibirlos surgiendo y pasando; luego, no eres ellos. Tienes una historia, un nombre, una personalidad, y puedes hablar de todo eso en tercera persona; luego, no eres nada de eso.

Queda alguien observando. Y ese alguien no tiene nombre, ni edad, ni biografía.

La Bhagavad Gita describe a ese observador en versos que están entre los más conocidos de la literatura espiritual del mundo:

"No nace, ni muere jamás. No es que, no habiendo sido, vuelva a ser. Es no nacido, eterno, inmutable, siempre Él mismo. No muere cuando se da muerte al cuerpo."

— Bhagavad Gita, capítulo 2, verso 20.

Fíjate en lo que se está diciendo: el Atma no evoluciona, no mejora, no aprende y no se corrompe. No puede, porque ya es completo. Lo que nace, sufre, aprende y mejora es todo aquello que se acumuló encima de él.

Y aquí viene la afirmación que hizo del pensamiento indio lo que es.

El Atma no es solo perfecto. Es idéntico al Absoluto. Lo que existe en lo más hondo de ti no es una criatura de Dios, una parte de Dios ni un reflejo de Dios. Es Dios, sin intermediario y sin diferencia.

Las Upanishads, textos que anteceden en siglos a la era cristiana, condensan esto en cuatro frases brevísimas, que la tradición llama mahavakyas, las grandes sentencias:

  • Prajnanam Brahma — "La Conciencia es Brahman". (Aitareya Upanishad)
  • Aham Brahmasmi — "Yo soy Brahman". (Brihadaranyaka Upanishad, 1.4.10)
  • Tat Tvam Asi — "Tú eres Eso". (Chandogya Upanishad, 6.8.7)
  • Ayam Atma Brahma — "Este Atma es Brahman". (Mandukya Upanishad)

Brahman, aquí, es el Absoluto, el Ser sin forma y sin límite: lo que llamamos Dios.

Cuatro frases que dicen, desde cuatro ángulos, una sola cosa: lo que eres, en el fondo, es lo que Dios es.

Una precaución necesaria para el lector espírita#

Si vienes de la Doctrina Espírita, es aquí donde necesitas ir más despacio, porque la palabra "alma" te va a traicionar.

En el Espiritismo, el espíritu es un ser individual, creado sencillo e ignorante, que recorre un camino de aprendizaje y depuración a lo largo de muchas encarnaciones. Evoluciona. Esa evolución es el eje de toda la Doctrina.

El Atma no es eso. El Atma no evoluciona, porque no tiene adónde ir. Ya es el Absoluto.

A primera vista, las dos visiones parecen incompatibles, y, por ahora, así vamos a dejarlas. Esa tensión tiene una cita marcada en este libro, y llegaremos allí. Hasta entonces, lee a Sai Baba en sus propios términos: cuando dice Atma, no está diciendo espíritu.

El niño de Puttaparthi#

Sathyanarayana Raju nació el 23 de noviembre de 1926 en Puttaparthi, un poblado pequeño y pobre del sur de la India, en el actual estado de Andhra Pradesh.

Nada en la aldea sugería lo que vendría. No había templo importante, ni linaje sacerdotal, ni escuela de renombre. Había cultivos, polvo y un número de habitantes que cabría en un aula grande.

Guarda este detalle, porque se repite: Louisville no era un centro espiritual, Los Ángeles mucho menos, y Puttaparthi menos todavía. Las revelaciones que estamos examinando en este libro no eligieron capitales.

1940: la declaración#

En mayo de 1940, a los trece años, el niño declaró algo que puso del revés la vida de su familia: afirmó ser la reencarnación de Sai Baba de Shirdi, un maestro indio fallecido en 1918, ocho años antes de su propio nacimiento.

El 20 de octubre del mismo año, todavía con trece años, dejó la escuela y la casa de sus padres, y anunció su misión en estos términos: promover la regeneración espiritual de la humanidad demostrando y enseñando los más elevados principios de Verdad, Acción Correcta, Paz, Amor y No violencia.

Un adolescente de trece años, en una aldea que nadie conocía, anunciando que había venido a reorganizar espiritualmente el mundo.

Pasaría los setenta años siguientes haciendo exactamente eso, y moriría el 24 de abril de 2011, en el mismo lugar donde nació.

Lo que construyó#

Al hablar de maestros espirituales, es común quedarse solo en las palabras. Aquí no se puede.

Alrededor de Puttaparthi creció Prasanthi Nilayam, la "Morada de la Paz Suprema", que de ashram pasó a ser un complejo con hospitales, universidad e infraestructura propia.

Y lo que se construyó allí tiene una característica que merece atención, porque es rara: era gratuito.

Hospitales de alta complejidad, con cirugías cardíacas y neurológicas, sin cobrar nada a nadie, sin distinción de religión, casta o ingresos. Instituciones de enseñanza superior sin matrícula. Y un proyecto de abastecimiento de agua potable que llevó agua corriente a cientos de aldeas de una de las regiones más secas de la India.

La organización que lleva su nombre está presente en más de cien países.

La frase que sostenía todo esto era simple: el servicio al hombre es servicio a Dios.

Fíjate en que esto no es filantropía con barniz espiritual. Es consecuencia directa de la doctrina. Si la persona que tienes delante es literalmente una encarnación de lo Divino, cuidarla no es solo caridad. Es culto.

Los cinco valores humanos#

Sai Baba resumía su ética en cinco palabras, que llamaba valores humanos y consideraba el programa básico de cualquier vida:

  • Sathya — Verdad
  • Dharma — Acción correcta, rectitud
  • Shanti — Paz
  • Prema — Amor
  • Ahimsa — No violencia

Los presentaba como inseparables, y decía que se sostienen en cadena: de la verdad nace la acción correcta, de la acción correcta nace la paz, de la paz nace el amor, y del amor nace la incapacidad de herir.

Dos máximas suyas lo condensan hasta caber en una pared:

"Ama a todos, sirve a todos."

"Ayudar siempre, herir nunca."

Lo que dijo sobre nuestra naturaleza divina#

Llegamos a lo que interesa a este libro.

Ninguna de las fuentes que hemos examinado hasta aquí fue tan insistente, tan explícita y tan repetitiva como Sai Baba respecto de un único punto: eres Dios. No parecido a Dios, no habitado por Dios, no en camino hacia Dios.

Dios.

Reuní abajo pasajes de discursos fechados y publicados, con la referencia de cada uno, para que puedas comprobarlos. Las traducciones son mías.

Prasanthi Nilayam, Navidad de 2003#

"Dios es omnipresente. Todos son encarnaciones de Dios."

"Tú mismo eres Dios. ¿No es una tontería buscarte a ti mismo en el mundo exterior?"

"Desarrolla la fe firme de que eres Dios. Recuérdate constantemente: 'Yo soy Dios, yo soy Dios, yo soy Dios'. Entonces te convertirás en Dios."

"Es un error decir que no has experimentado a Dios. Él está presente en ti."

— Sri Sathya Sai Speaks, vol. 36 (2003), cap. 21, discurso del 25 de diciembre de 2003.

Prasanthi Nilayam, julio de 2001#

"El mismo Atma está presente en ti, en Mí y en todos los demás."

"Ekoham Bahusyam" — Soy uno, me volveré muchos.

"Easwara Sarva Bhutanam" — Dios es el morador interior de todos los seres.

"Isavasyam Idam Sarvam" — el universo entero está impregnado de Dios.

"Ekam Sath Viprah Bahudha Vadanthi" — la Verdad es una, los eruditos la llaman con muchos nombres.

— Sri Sathya Sai Speaks, vol. 34 (2001), discurso 13, del 5 de julio de 2001, titulado Yo y tú somos uno.

Prasanthi Nilayam, julio de 1991#

"En cada hombre está presente lo Divino que todo lo impregna. Cuando uno se vuelve consciente de lo Divino en sí, se convierte en lo Divino mismo."

"El hombre procede de lo Divino, es sostenido por lo Divino y ha de fundirse en lo Divino. Esa es la meta del hombre. El hombre no es un ser insignificante, ni es un débil ni un desvalido. Es el ser más poderoso de la Tierra."

"Investiga las declaraciones védicas: 'Tú eres el Atma'."

— Sri Sathya Sai Speaks, vol. 24 (1991), discurso 21, del 26 de julio de 1991, titulado Descubre al Dios que hay en ti.

Y, en tantos discursos, el saludo#

"Encarnaciones del Divino Atma" —en telugu, Divyatma Swarupulara— no era una frase ocasional. Era como abría buena parte de los discursos, a lo largo de décadas. Aparece en textos publicados en 1984, 1992, 1994 y a lo largo de toda la serie.

Cuando Sai Baba decía "Encarnaciones del Divino Atma", no estaba siendo amable con el público. Estaba informando a cada persona presente, en cuatro palabras, de que aquello que buscaba en el mundo ya estaba sentado en la silla.

Piensa en lo que significa repetir esto miles de veces, ante millones de personas, durante más de medio siglo. No estaba enseñando una doctrina sobre la divinidad humana. Estaba intentando que la gente se acostumbrara a oírlo.

Soham: la respiración que dice quién eres#

Hay una enseñanza suya que considero la más bella de todas, y que puedes comprobar ahora mismo, sin levantarte de la silla.

En el discurso de Navidad de 2003, Sai Baba explica el mantra Soham:

"Dios está en forma de respiración en cada hombre. 'Soham' simboliza el proceso de inspirar y espirar. 'So' significa 'Eso' (Dios), 'Ham' significa 'yo' (el individuo). Aunque son dos palabras, Dios y el individuo, no hay diferencia entre ellos. Son uno y lo mismo."

Inspira. Ese sonido es So. Eso. Dios.

Espira. Ese sonido es Ham. Yo.

Según él, repites esta afirmación unas veintiún mil veces al día, desde el primer instante en que naciste, y la repetirás hasta el último. Sin saberlo, sin elegirlo, sin interrumpirlo.

Tu cuerpo afirma tu divinidad en cada respiración. Eres tú quien todavía no lo había notado.

Lo que Sai Baba confirma de lo que ya vimos#

Vuelve a Hechos de Dios, donde escribimos que toda la Creación está hecha del Creador, y que nosotros, espíritus, somos esencialmente Dios.

Sai Baba lo dijo sin rodeo alguno, desde el escenario, durante más de cincuenta años: "Tú mismo eres Dios."

Vuelve al capítulo Creados perfectos, donde argumentamos que la evolución no consiste en agregar lo que falta, sino en quitar lo que no sirve, y que la esencia ya es perfecta.

Él dice: "El hombre no es un ser insignificante, ni es un débil ni un desvalido. Es el ser más poderoso de la Tierra." Y dice que basta volverse consciente de lo Divino en uno mismo para ser lo Divino mismo. No hay nada que adquirir. Hay algo que percibir.

Y percibir también da trabajo. Sai Baba nunca eximió a nadie de él: pedía disciplina, servicio, los cinco valores vividos todos los días, lo que la tradición india llama sadhana, la práctica espiritual. Solo que la práctica no fabrica el Atma, que no cambia. Quita de delante lo que lo encubre.

Vuelve al capítulo Ser, donde escribimos que Dios Es y nosotros Somos.

Él responde con Soham: Eso, yo. Dos palabras, ninguna diferencia entre ellas.

Y vuelve, por último, a la pregunta que abrió este libro.

¿Cuál es la verdadera naturaleza del ser humano?

Ra respondió "Vosotros sois". Bashar respondió "Existes".

Sai Baba pasó décadas respondiendo a la misma pregunta, todos los días, antes incluso de que alguien la hiciera, y casi siempre con las mismas cuatro palabras, dichas antes que cualquier otra:

Encarnaciones del Divino Atma.

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