Una revelación del Ser · Parte 2 · Las confirmaciones
2.2
Bashar
En 1973, en el intervalo de una semana, un joven de Los Ángeles vio dos veces la misma cosa en el cielo.
No era un punto de luz lejano. Era una nave triangular, oscura y metálica, de unos nueve metros de lado, con tres luces blanco-azuladas en las puntas y una luz rojo anaranjada en el centro. La primera vez, a unos cuarenta y cinco metros de distancia. La segunda, a menos de veinte.
Y no estaba solo. En las dos ocasiones había testigos.
Se llamaba Darryl Anka. Tenía veintitantos años, trabajaba en el cine, y no tenía la menor idea de que aquello cambiaría el resto de su vida.
Tardaría diez años.
El hombre de los efectos especiales#
Darryl Anka no era un místico.
Trabajaba en la industria del cine, con efectos visuales y especiales. Su vida estaba hecha de maquetas, cámaras e ilusiones construidas con sus propias manos.
Después de las apariciones de 1973, hizo lo que haría cualquier persona curiosa. Fue a buscar. Leyó, investigó, buscó explicaciones. No encontró ninguna que sirviera.
Y la vida siguió. Pasaron diez años sin nada extraordinario.
Diez años después#
En 1983, Darryl asistía a una clase de canalización. No como quien busca un don, sino como quien todavía intenta entender lo que vio una década antes.
Fue durante una de esas clases cuando recibió, en su propia mente, un mensaje telepático.
Y, según su propio relato, tres cosas quedaron claras de una sola vez, sin que tuviera que deducir ninguna de ellas: que el mensaje venía de una conciencia extraterrestre llamada Bashar, la misma de la nave que había visto en 1973; que él mismo, antes de nacer, había aceptado hacer ese trabajo; y que la hora de cumplir el acuerdo era ahora, si todavía quería.
Darryl canaliza públicamente desde entonces. Son más de cuarenta años.
Quién dice ser Bashar#
Aquí hace falta un cuidado que el capítulo anterior no exigió.
El material de Ra tiene un principio, un medio y un fin: 106 sesiones, transcritas, numeradas y disponibles para cotejarlas palabra por palabra. El material de Bashar no es así. Son cuatro décadas de encuentros públicos, miles de horas de preguntas y respuestas, sin un canon cerrado. Eso hace el contenido más accesible y, al mismo tiempo, menos verificable.
Hecha la salvedad, vamos a lo que dice de sí mismo.
Bashar afirma ser un ser físico —no un espíritu desencarnado— de una civilización llamada Essassani, que, según él, está a unos quinientos años luz de aquí, en dirección a Orión. No la vemos porque vibra en una franja de frecuencia que nuestros instrumentos no alcanzan.
Y dice algo que reorganiza toda la relación: los Essassani serían descendientes nuestros. Un linaje híbrido, formado a partir de material genético humano, que existe en lo que él describe como nuestro futuro.
Si eso es verdad, Bashar no es un visitante. Es familia.
Más aún: afirma que Darryl Anka es una de sus vidas pasadas. No son dos personas conversando. Es una conciencia hablando con una versión anterior de sí misma, a través del tiempo.
No necesitas aceptar nada de esto para aprovechar lo que viene a continuación. Guárdalo como afirmación, no como hecho, y sigue.
Un proceso muy diferente#
Compara con lo que vimos en el capítulo anterior y entenderás por qué la canalización no es una sola cosa.
Carla Rueckert entraba en trance profundo. Salía por completo. No tenía recuerdo alguno de lo que pasaba por ella, y solo conoció el material de Ra leyendo las transcripciones, como nosotros.
Darryl no. Darryl permanece despierto.
Es como ceder el volante: sigue en el coche, sigue viendo la carretera, pero quien conduce es otro. Oye lo que se está diciendo mientras se dice, y lo recuerda después.
No hay cáliz, ni incienso, ni vela blanca. No hay ritual elaborado. Hay un hombre sentado en una silla, ante un público, respondiendo preguntas durante horas.
Dos formas radicalmente diferentes de hacer lo mismo. Eso debería enseñarnos prudencia: cuando alguien afirma que la canalización "funciona así", desconfía. Hay muchos métodos, porque hay muchas maneras en que una conciencia puede tocar a otra.
Las Cinco Leyes#
Bashar afirma que existen solo cinco cosas absolutamente verdaderas en toda la creación. Cinco, y ninguna más. Todo lo demás es elección, creencia o preferencia.
- Existes. Y, existiendo, jamás podrás dejar de existir. La no existencia no es un estado al que algo que existe pueda volver.
- Todo está aquí y ahora. No hay otro lugar ni otro tiempo. Pasado y futuro son maneras de mirar este instante.
- El Uno es el Todo, y el Todo es el Uno. Existe una sola cosa, y se presenta como muchas.
- Lo que emites es lo que recibes de vuelta. No como castigo, sino como reflejo. La realidad devuelve la frecuencia que sostienes.
- Todo cambia, excepto las cuatro primeras leyes.
Lee la primera y la tercera otra vez, y fíjate dónde ya las encontramos.
"Existes" es la misma afirmación con que cerramos el capítulo de Ra: Vosotros sois. Y es la misma con que terminamos el capítulo Ser, en este libro: Dios Es. Nosotros Somos.
"El Uno es el Todo, y el Todo es el Uno" es, palabra por palabra, lo que sostuvimos en Hechos de Dios: la Creación, individualmente, no es el Creador, pero el conjunto de la Creación es el Creador.
El hielo, el agua y el vapor#
Bashar ofrece una imagen para explicar cómo podemos ser todos lo mismo siendo tan diferentes unos de otros. Es lo bastante simple para un niño y lo bastante profunda para sostener toda su metafísica.
Piensa en hielo, agua y vapor.
Tres sustancias completamente distintas. Una es dura y fría: puedes sostenerla en la mano. Otra se escurre entre los dedos. La tercera es invisible y sube. Si no supieras química, jamás supondrías que tuvieran relación alguna.
Pero son la misma cosa. Exactamente la misma. H₂O, de principio a fin.
Lo que cambia no es la sustancia. Es la frecuencia de vibración de las moléculas. Disminuye la agitación y tienes hielo. Auméntala y tienes agua. Auméntala más y tienes vapor.
Y aquí está el punto: el hielo nunca dejó de ser agua. Ni por un instante. No es un agua defectuosa, ni un agua incompleta, ni un agua imperfecta, ni un agua que necesita convertirse en otra cosa. Es agua en una determinada vibración.
Toda la creación, dice Bashar, funciona así. Existe una sola sustancia —llámala Dios, Creador Infinito, Todo Lo Que Es— y todo lo que existe es esa sustancia en distintas frecuencias. La piedra, la planta, el animal, tú, los espíritus, los seres que llamamos superiores. No son cosas distintas. Son vibraciones distintas de una sola cosa.
No estás caminando para volverte divino.
Eres hielo recordando que es agua.
Fíjate en cómo esta imagen dialoga con la que ya usamos en este libro, la del Sol detrás de las nubes. Son dos maneras de decir lo mismo: lo que eres no se ha ido, no se ha averiado y no necesita ser conquistado. Está ahí, bajo otra apariencia, esperando el cambio de estado.
La Fórmula#
De paso, dejo aquí la enseñanza práctica que ofrece Bashar para vivir mejor en nuestra realidad física actual.
Resume toda su orientación en tres pasos, que llama simplemente La Fórmula:
Actúa según tu entusiasmo, hasta donde te lo permita tu capacidad, sin ninguna insistencia, suposición ni expectativa sobre cuál debe ser el resultado.
Las tres partes importan, y casi todo el mundo olvida las dos últimas.
"Actúa según tu entusiasmo." Entusiasmo, en su vocabulario, no es euforia ni diversión. Es el nombre que da a esa resonancia que aparece cuando una posibilidad se alinea con lo que verdaderamente eres. En palabras del propio material: el entusiasmo es la traducción física de la resonancia vibratoria que es tu verdadero ser natural y esencial.
Es decir: lo que te enciende no es una distracción de tu camino. Es su brújula.
"Hasta donde te lo permita tu capacidad." Aquí la cosa deja de ser sentimiento y se vuelve práctica. No es esperar la condición ideal, ni el dinero, ni el permiso. Es actuar ahora, con lo que tienes, del tamaño que se pueda. La acción más pequeña disponible cuenta.
"Sin ninguna insistencia, suposición ni expectativa sobre cuál debe ser el resultado." Esta es la parte que sostiene las otras dos. Exigir un desenlace determinado es, en su modelo, anunciar al universo que crees que aquello todavía no está resuelto. Y es justamente esa creencia la que te mantiene en la carencia de la que intentas salir.
Fíjate en que aquí hay esfuerzo: actuar, hasta donde te lo permita tu capacidad, todos los días. Lo que no hay es sacrificio para convertirte en otra persona, ni merecimiento que demostrar. Hay una inversión: en lugar de correr detrás de lo que quieres, empiezas a vivir como la persona que ya lo tiene. Y la realidad, que devuelve la frecuencia que sostienes, viene detrás.
Las creencias crean la realidad#
Todo el edificio de Bashar se apoya en una única afirmación: no experimentas la realidad, experimentas tus creencias sobre ella.
Tus creencias más fuertes generan emociones. Las emociones orientan las acciones. Las acciones producen las circunstancias. Y las circunstancias, cuando llegan, confirman la creencia original, cerrando el círculo y volviéndola todavía más firme.
Por eso, cambiar las circunstancias sin cambiar las creencias es como secar hielo. El círculo simplemente rehace lo que deshiciste.
Y la emoción, en este esquema, tiene una función precisa: es el mecanismo de aviso. No es el problema. Es el tablero del coche. Una emoción incómoda no está ahí para castigarte; te está informando de que existe, allí, una creencia que ya no concuerda con quien eres.
En otras palabras:
Vives lo que crees ser. Creer ser un error hace que vivas como un error. Creer ser la paz hace que vivas en paz.
¿Crees que eres un espíritu imperfecto o una criatura perfecta de Dios?
Lo que Bashar confirma de lo que ya vimos#
Cierro este capítulo del mismo modo que cerré el anterior: mostrando dónde se cruzan las líneas.
La evolución no consiste en agregar lo que nos falta, sino en desprendernos de lo que ya no sirve. Bashar dice exactamente eso cuando afirma que el trabajo no es construir un yo mejor, sino quitar las creencias que impiden que el yo que ya existe se manifieste. El hielo no necesita aprender a ser agua.
Dijimos que fuimos creados perfectos, sencillos e ignorantes. Bashar dice que el propósito más elevado de tu vida es ser tú mismo, hasta donde te lo permita tu capacidad, lo cual solo tiene sentido si lo que eres ya es suficiente.
Dijimos que somos esencialmente Dios. Él lo formula como la tercera ley de la creación y lo coloca entre las cinco únicas cosas que no admiten excepción.
Y cuando preguntamos, al comienzo de este libro, cuál es la verdadera naturaleza del ser humano, Bashar responde con la primera de las cinco leyes, sin complemento alguno, del mismo modo que Ra:
Existes.
No "existes para". No "existes porque". Ningún complemento, ninguna condición, ninguna prueba que presentar.
Existes.
Y eso, por sí solo, ya es la respuesta entera.
¿Algo se quedó contigo? Deja unas palabras en el libro de visitas.

