Una revelación del Ser · Parte 1 · La tesis
1.1
Introducción
Desde hace milenios, filosofías y religiones intentan explicar dos cosas, siempre las mismas: qué es el mundo y qué somos nosotros. De todas las preguntas que se han hecho en ese tiempo, hay una que es a la vez recurrente y profunda:
¿Cuál es la verdadera naturaleza del ser humano?
Es esta pregunta la que va a guiar todo el contenido de este libro.
Te pido, por gentileza, que te detengas ahora cinco minutos antes de seguir leyendo y elabores tu respuesta a esa pregunta. Y que la escribas: en una hoja, en el móvil, en el margen de esta página. Guarda lo que escribiste: al final del libro, vamos a volver a ella. Este ejercicio va a cambiar el modo en que lees todo lo que viene después.
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¿Cuál es tu respuesta a esta pregunta? Reflexiona un instante y escríbela antes de continuar.
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Ahora que ya tienes tu opinión, te hago una nueva pregunta: ¿tu respuesta se basó en alguna religión, filosofía o doctrina?
Probablemente sí, pues es de ahí de donde formamos nuestra opinión sobre este asunto.
Pero ¿se basó en una sola religión, filosofía o doctrina?
Aquí es donde reside la cuestión principal.
¿Sería alguien, o una única línea de pensamiento, capaz de revelar esta verdad?
Si tu respuesta a la primera pregunta fue sí y a la segunda fue la Doctrina Espírita, este libro fue escrito para ti.
El objetivo de este libro es responder a esa pregunta desde la óptica de diversas fuentes de conocimiento y elaborar a partir de la visión de la Doctrina Espírita, trayendo una revelación sobre nuestra verdadera naturaleza.
Y si tu respuesta no vino del Espiritismo, este libro también fue escrito para ti. La idea de que nos falta algo no es solo espírita. Está en el pecado original, que buena parte del cristianismo pone en el origen de todo ser humano. Está en la cultura del mérito, que enseña que nuestro valor tiene que conquistarse. Y está en esa frase que casi todo el mundo se ha dicho alguna vez, con una religión o sin ninguna: todavía no soy lo bastante bueno.
El Espiritismo es el caso que vamos a examinar a fondo, porque es la casa de donde yo vengo. Pero donde diga Kardec, puedes leer tu propia tradición. Para algunos, las ideas aquí presentadas serán conocidas; para otros, serán una revelación, con el potencial de traer grandes saltos de comprensión y de evolución.
Este libro no es una obra espírita: parte de fuera de las bases del Espiritismo y se propone sumar nuevos puntos de vista, en lugar de expandir las premisas de la Doctrina Espírita. Puede acogerse como una buena referencia para la elaboración de opiniones y puntos de vista nuevos que se suman a la visión actual.
Una palabra sobre el recorrido, antes de empezar.
Primero vamos a construir una respuesta desde cero. Parte de una única afirmación sobre Dios —de esas que casi nadie discute— y sigue sus consecuencias hasta donde lleven. Es un tramo corto y empinado, y todo el resto del libro se apoya en él.
Después el libro sale de casa.
Vamos a una sala en Louisville, en Kentucky, una tarde de enero de 1981, donde tres personas —un profesor de física, una bibliotecaria y un hombre que había construido su propia casa con las manos— oyen a una voz decir algo que nadie allí había oído antes.
Vamos a Los Ángeles, donde un técnico de efectos especiales de cine vio, dos veces en el intervalo de una semana, la misma cosa en el cielo, y tardó diez años en descubrir qué hacer con aquello.
Vamos a una aldea polvorienta del sur de la India, donde un niño de trece años le anunció a su familia quién era, dejó la escuela ese mismo año y pasó las siete décadas siguientes haciendo exactamente lo que había dicho que haría.
Y vamos a un lugar que nadie sabe nombrar, hace casi dos mil años, donde alguien —tal vez una persona, tal vez varias— escribió ciento noventa y seis frases cortas sobre el funcionamiento de la mente humana, y nadie ha logrado agotarlas desde entonces.
Cuatro épocas, cuatro continentes. Ninguna de esas personas supo de la existencia de las otras.
Después de eso, volvemos a casa. A Kardec, a las preguntas de El Libro de los Espíritus, y a una palabra que él escribió en 1864 y corrigió en la misma línea.
Fíjate en que no dije qué respondió ninguna de ellas. Es a propósito. El encuentro entre estas fuentes es el argumento de este libro, y un argumento se acompaña, no se recibe hecho.
Solo te pido una cosa hasta entonces, y hay un capítulo entero más adelante sobre ella: lee con la mente abierta.
Que este viaje sea provechoso, divertido y transformador.
¡Paz!
¿Algo se quedó contigo? Deja unas palabras en el libro de visitas.

